Los ultimos tiempos
Cada día vemos en los diversos medios de comunicación - periódico, televisión, internet, etc. – noticias devastadoras acerca de la maldad que hay en el mundo; y aunado a esto nos enteramos de temblores y terremotos con gran frecuencia así como inundaciones, huracanes, fuertes nevadas, etc., más malas noticias que buenas.
Y creo que como cristianos creemos que la venida de nuestro Señor Jesucristo está cada vez más cerca. Nadie podemos saber si se trata de 5, 30, 100 o 1000 años, pues para Dios un día son como mil años y mil como uno.
Le venida del Señor es un acontecimiento que, sin duda, debe emocionarnos a todos y debe ser lo más importante en nuestras vidas. Pero el imaginarme ese momento también me hace pensar si estamos listos para su venida o ¿cómo nos va a encontrar? ¿Se va a encontrar con una iglesia sin mancha? O estamos tan sumergidos en nuestros propios intereses que nos olvidamos de lo que es realmente importante y que perdurará por la eternidad.
Efesios 5:15-16 Dice: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” ¿Estamos siendo diligentes y sabios? ¿O estamos viviendo neciamente, y mientras esto sucede estamos desperdiciando el poco tiempo que nos queda?
En Marcos 12:30-31 dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. “
Amemos al Señor no solo de palabra sino de hecho, no solo los domingos, días de culto, o cuando algún hermano nos está viendo. Esforcémonos en cumplir sus mandamientos y en vivir una vida santa delante de él, buscando su aprobación y no la de los hombres, para que cuando él venga seamos una novia que preparada espera su llegada.
Amemos al Señor no solo de palabra sino de hecho, no solo los domingos, días de culto, o cuando algún hermano nos está viendo. Esforcémonos en cumplir sus mandamientos y en vivir una vida santa delante de él, buscando su aprobación y no la de los hombres, para que cuando él venga seamos una novia que preparada espera su llegada.
Si bien hay muchas cosas que nos gusta hacer y disfrutar, no todas nos van a dejar buenas consecuencias. Cada quien disfrutamos y vivimos diferentes cosas de acuerdo a la edad y etapa en que nos encontramos, pero analicemos cada una de ellas antes de hacerlas,“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.” 1 Cor. 10:23. Muchas veces pensamos, en especial cuando se es joven, que las consecuencias son para otros y que a nosotros “nada nos va a pasar”, creemos que sólo con pedir perdón a Dios todo está resuelto. Y sí, tenemos un Dios grande en misericordia, pero también un Dios fuerte y celoso, lleno de amor por cada uno de sus hijos, un Padre dispuesto a corregirnos cuando sea necesario y cuando él así lo decida. En Proverbios encontramos frecuentemente un consejo y las consecuencias de practicarlo o no: “Pensar antes de actuar” (Proverbios 2:11; 3:21; 6:1-3; 8:13; 11:12; 13:16; 14:8; 14:15; 15:28, 16:21-23; 19:2)
Uno de los mandamientos, creo yo, más difíciles de cumplir es el segundo más importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Es muy triste ver la falta de aceptación que, en la vida en general, tenemos unos por otros. El Señor nos manda (ordena) que nos amemos, y punto. Su mandamiento no está condicionado a nada. No dice que nos amemos si el otro piensa como yo, o hace lo que yo quiero, o tiene los mismos gustos que yo, o se ríe por lo que yo me río, o es mejor o peor cristiano. Simplemente nos ordena que nos amemos y ya. Disfrutémonos y aceptémonos como familia: padres a hijos, hijos a padres, esposos, hermanos, nueras, yernos, sobrinos, nietos, primos, tíos, etc. y aceptémonos como somos. No esperemos que el otro piense como yo solo porque hace 10 años lo hacía. El Señor va moldeando y transformando nuestras vidas y lo único que espera de nosotros es que nos sigamos amando.
Vivamos sabiamente, (en obediencia a él) y aprovechemos bien el tiempo que el Señor nos permita vivir aquí, amándonos, aceptándonos y exhortándonos los unos a los otros con amor fraternal. Y cumplamos la gran comisión que nos dejó:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20
No hay amor más grande por otros que dándoles a conocer el amor de Dios a través de su Palabra y por medio de nuestras acciones. ¿Estamos conscientes de que al no compartir de la Vida Eterna a las personas que conocemos y no saben acerca de Jesús, se pueden ir al infierno por siempre? Recordemos que los que ya conocemos de Dios es solo por su infinito amor, gracia y misericordia. Compartamos eso mismo con los demás.
Estamos viviendo tiempos difíciles en los que no podemos andar por la vida con necedad y egoísmo, viviendo solo para y por nosotros. Esforcémonos porque el Señor encuentre una iglesia santa y sin mancha.
Y creo que como cristianos creemos que la venida de nuestro Señor Jesucristo está cada vez más cerca. Nadie podemos saber si se trata de 5, 30, 100 o 1000 años, pues para Dios un día son como mil años y mil como uno.
Le venida del Señor es un acontecimiento que, sin duda, debe emocionarnos a todos y debe ser lo más importante en nuestras vidas. Pero el imaginarme ese momento también me hace pensar si estamos listos para su venida o ¿cómo nos va a encontrar? ¿Se va a encontrar con una iglesia sin mancha? O estamos tan sumergidos en nuestros propios intereses que nos olvidamos de lo que es realmente importante y que perdurará por la eternidad.
Efesios 5:15-16 Dice: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” ¿Estamos siendo diligentes y sabios? ¿O estamos viviendo neciamente, y mientras esto sucede estamos desperdiciando el poco tiempo que nos queda?
En Marcos 12:30-31 dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. “
Amemos al Señor no solo de palabra sino de hecho, no solo los domingos, días de culto, o cuando algún hermano nos está viendo. Esforcémonos en cumplir sus mandamientos y en vivir una vida santa delante de él, buscando su aprobación y no la de los hombres, para que cuando él venga seamos una novia que preparada espera su llegada.
Amemos al Señor no solo de palabra sino de hecho, no solo los domingos, días de culto, o cuando algún hermano nos está viendo. Esforcémonos en cumplir sus mandamientos y en vivir una vida santa delante de él, buscando su aprobación y no la de los hombres, para que cuando él venga seamos una novia que preparada espera su llegada.
Si bien hay muchas cosas que nos gusta hacer y disfrutar, no todas nos van a dejar buenas consecuencias. Cada quien disfrutamos y vivimos diferentes cosas de acuerdo a la edad y etapa en que nos encontramos, pero analicemos cada una de ellas antes de hacerlas,“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.” 1 Cor. 10:23. Muchas veces pensamos, en especial cuando se es joven, que las consecuencias son para otros y que a nosotros “nada nos va a pasar”, creemos que sólo con pedir perdón a Dios todo está resuelto. Y sí, tenemos un Dios grande en misericordia, pero también un Dios fuerte y celoso, lleno de amor por cada uno de sus hijos, un Padre dispuesto a corregirnos cuando sea necesario y cuando él así lo decida. En Proverbios encontramos frecuentemente un consejo y las consecuencias de practicarlo o no: “Pensar antes de actuar” (Proverbios 2:11; 3:21; 6:1-3; 8:13; 11:12; 13:16; 14:8; 14:15; 15:28, 16:21-23; 19:2)
Uno de los mandamientos, creo yo, más difíciles de cumplir es el segundo más importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Es muy triste ver la falta de aceptación que, en la vida en general, tenemos unos por otros. El Señor nos manda (ordena) que nos amemos, y punto. Su mandamiento no está condicionado a nada. No dice que nos amemos si el otro piensa como yo, o hace lo que yo quiero, o tiene los mismos gustos que yo, o se ríe por lo que yo me río, o es mejor o peor cristiano. Simplemente nos ordena que nos amemos y ya. Disfrutémonos y aceptémonos como familia: padres a hijos, hijos a padres, esposos, hermanos, nueras, yernos, sobrinos, nietos, primos, tíos, etc. y aceptémonos como somos. No esperemos que el otro piense como yo solo porque hace 10 años lo hacía. El Señor va moldeando y transformando nuestras vidas y lo único que espera de nosotros es que nos sigamos amando.
Vivamos sabiamente, (en obediencia a él) y aprovechemos bien el tiempo que el Señor nos permita vivir aquí, amándonos, aceptándonos y exhortándonos los unos a los otros con amor fraternal. Y cumplamos la gran comisión que nos dejó:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20
No hay amor más grande por otros que dándoles a conocer el amor de Dios a través de su Palabra y por medio de nuestras acciones. ¿Estamos conscientes de que al no compartir de la Vida Eterna a las personas que conocemos y no saben acerca de Jesús, se pueden ir al infierno por siempre? Recordemos que los que ya conocemos de Dios es solo por su infinito amor, gracia y misericordia. Compartamos eso mismo con los demás.
Estamos viviendo tiempos difíciles en los que no podemos andar por la vida con necedad y egoísmo, viviendo solo para y por nosotros. Esforcémonos porque el Señor encuentre una iglesia santa y sin mancha.